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lunes, 30 de julio de 2012

Hoy hace un año

 Hace un año viví el que hasta hoy es el día más feliz de mi vida, ¡el día de mi boda! El post de hoy lo dedicaré a recordar esas horas tan maravillosas.


 Llevaba lo recesario para que todo fuese perfecto. Aunque en la foto no se vea, en el interior del tacón derecho de mis zapatos de Ángel Alarcón llevaba pegada una moneda. Algo azul... ¡era obvio! Sólo hay que fijarse en el ramo de hortensias y peonias blancas que con tanto mimo me elaboraron en la Floristería Pétalos, de Salamanca. Además, aunque sólo yo las podía ver, el ramo llevaba las correspondientes espigas de trigo.
 


 Como curiosidad os contaré que la colcha de seda que aparece en las fotos perteneció a mi abuela materna, estuvo presente en la boda de mi madre, y... por supuesto... ¡no podía faltar en la mía!



 Me maquillaron y peinaron en Peluqueros Paco-Charo, en Salamanca. Desde que me puse en sus manos todo marchó sobre ruedas, y desde entonces siempre recurro a ellos.
 Dicen que las novias no deben llevar perlas, porque significan lágrimas... Yo reconozco que llevé una, y muy escondida, en mi ropa interior. Es por eso que decidí que la pedrería del vestido no contara con perlas, al igual que mis complementos, que eran de oro blanco.




 Nunca me han gustado los coches de novia decorados con el típico ramo en la bandeja trasera. Me costó encontrarlo, pero gracias a Floristería Polones encontré lo que buscaba, ¡el coche nos quedó espectacular!


 Me casé en el Santuario de Nuestra Señora de la Peña de Francia, a 1.783 metros de altitud, en un paraje espectacular que abarca la llanura castellana.  Y hasta allí se tuvieron que desplazar los estupendos profesionales de Flores Toñi, que decoraron la ermita con mucha elegancia.
 



 En cuanto a lo usado: los pendientes; lo nuevo: casi todo; y lo prestado: las arras. Por supuesto, llevaba la liga que mis amigas me regalaron el día de la despedida.
 Las alianzas de oro amarillo y rosa las compramos en la Joyería Cid de Ciudad Rodrigo.



 Como en toda boda ¡tenía que haber arroz! Y eso fue posible gracias a Angélica, Vanessa y Elena, que se encargaron de repartirla con estas cestitas tan monas que les preparé. ¡Fue preciosa esa lluvia a todo color!









El paisaje del lugar es tan espectacular, que cualquier rincón era perfecto para sacar las fotos del álbum.







 El almuerzo se sirvió en la Abadía de los Templarios, a pocos minutos del Santuario. Un complejo espectacular donde lo pasamos a lo grande.



 El vals dio comienzo al baile y a alguna que otra actuación que amenizó la jornada. Para sorpresa de los allí presentes, bailé danza oriental. Históricamente, en la mayoría de los bailes vinculados a la danza oriental había separación de sexos. Esta práctica pretendía garantizar que la mujer no fuera vista bailando con nadie que no fuera su marido, su familia más cercana o sus amigas. Hoy en día ya no es así, aunque en este caso bailé en familia y para mi marido.



 Una vez llegada la noche, como prometía ser muy larga, cambié mi vestido por uno mucho más cómodo, de corte imperio, más liviano, pero igualmente espectacular. En esta ocasión llevé un tocado de plumas y unos pendientes más alargados de plata y brillantes.




 Bueno, chicas, espero haberos dado un montón de ideas para ese momento en el que las protagonistas, sin duda, somos nosotras.

 Quiero agradecer desde aquí a todos aquellos que tuvisteis algo que ver en este día, desde padrinos, invitados, peluqueros,... porque sin cada uno de vosotros nuestro sueño nunca se hubiera podido cumplir.

 Y a mi marido... ¡tú ya sabes cuánto te quiero!

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